En distintos puntos del territorio panameño, las lluvias se han convertido en un fenómeno que vuelve evidente la relación entre el agua, los espacios abiertos y las comunidades. Aunque el agua es esencial para la vida y el desarrollo, durante eventos extremos puede transformarse en un factor de riesgo cuando interactúa con áreas vulnerables.
Qué está pasando durante la temporada lluviosa
De acuerdo con la reflexión publicada por La Prensa, las consecuencias de las lluvias intensas incluyen daños a viviendas y negocios, además de deslizamientos de tierra e inundaciones. Estos efectos impactan tanto la seguridad de la población como su estabilidad económica, afectando especialmente a quienes tienen menos recursos.
La pregunta de fondo: ¿se gestiona el territorio con el comportamiento del agua?
El artículo señala que el escenario no es nuevo y que organismos internacionales han advertido sobre la alta proporción de desastres naturales en América Latina vinculados a eventos hidrometeorológicos. En ese contexto, la autora plantea una interrogante central: si el territorio se está gestionando adecuadamente considerando el flujo natural del agua, o si por el contrario se interviene sin tomar en cuenta ese comportamiento.
La reflexión sostiene que existe un problema más profundo asociado a un modelo de desarrollo que prioriza el crecimiento económico inmediato por encima de la sostenibilidad del territorio.
El papel de las áreas naturales y el riesgo
Los espacios abiertos y las áreas naturales, explica el texto, cumplen una función clave en la gestión del agua: permiten la absorción, la conservación y el flujo natural del recurso hídrico. Sin embargo, cuando las lluvias superan ciertos niveles o estos espacios se modifican sin planificación, su capacidad de respuesta se reduce.
Entre los factores que agravan el impacto se mencionan la pérdida de cobertura vegetal, la ocupación de zonas de riesgo y las modificaciones en los cauces, lo que incrementa la huella ecológica y evidencia, según el artículo, una falta de “alfabetismo ambiental” en la forma en que se interviene el territorio.
Desigualdad, ambiente y resiliencia
Los resultados descritos incluyen comunidades vulnerables, daños en infraestructura y deterioro ambiental. El artículo remarca además que se observan desigualdades: los sectores con menos recursos suelen ser los más afectados, lo que vuelve el problema también uno de equidad social. A la vez, indica que la falta de integración entre la planificación territorial y el flujo natural del agua limita oportunidades de desarrollo comunitario sostenible.
Hacia una gestión más sostenible
Como respuesta, se plantea replantear la forma en que se entiende y gestiona el territorio. El texto propone incorporar estrategias como la restauración de espacios abiertos, la protección de cuencas hidrográficas y una planificación sostenible para reducir riesgos y fortalecer la resiliencia de las comunidades.
Finalmente, la autora sostiene que la crisis no sería solo consecuencia de los fenómenos naturales, sino también del modo en que el ser humano ha intervenido el territorio. Reconocer el valor de los sistemas naturales y reducir la huella ecológica, concluye, ayudaría a que el agua deje de ser una amenaza y se convierta en un factor de equilibrio ambiental y social.
La autora es arquitecta estructural y estudiante de la maestría en Paisajismo y Gestión Ambiental de la Universidad de Panamá.