Edwin Cedeño reflexionó sobre el teatro como una de las profesiones más antiguas y sobre cómo, en Panamá, el arte escénico ha resistido censuras, ha cambiado su forma de llegar al público y todavía enfrenta retos de descentralización cultural.
Una profesión milenaria (y humana)
Cedeño señaló que históricamente el teatro se considera la profesión más antigua y recordó registros desde el año 2000 a. C. en Egipto. Según su planteamiento, a esto se suman los más de dos mil años transcurridos, y por eso el teatro habría mantenido su vigencia a través de los siglos.
“Yo creo que el teatro es una expresión del ser humano”, dijo, y agregó que las personas interpretan “diferentes roles” en la vida cotidiana. También abordó una idea frecuente: que teatro y prostitución “a veces se parecen”. Su respuesta fue categórica: “No es la prostitución; es el teatro”.
Cómo empezó: Chitré y el primer festival internacional
El actor explicó que viene de Chitré, de una familia humilde, y que su madre era madre soltera. Contó que durante los años 70, el DEXA organizó —de la mano de Baby Torrijos— el primer festival internacional de teatro, un evento que, según dijo, no había tenido precedentes en Panamá.
Entre los recuerdos de esa época mencionó una obra que era “prohibida para menores de 18”, llamada El señor Galíndez. Dijo que tenía 16 años y que, para entrar, tuvo que falsificar su carné de estudiante porque la obra incluía desnudos. Explicó que el “señor Galíndez” nunca aparecía en escena, hasta que le revelaron que era una idea asociada al “sistema”, lo que describió como un gran descubrimiento.
Teatro en movimiento y más accesibilidad
Sobre su trayectoria formal, Cedeño afirmó que comenzó a hacer teatro en 1977 con el Teatro Rodante del INAC. Indicó que en ese año presentaron la obra cerca de 50 veces a lo largo del país, con alimentación y hospedaje incluidos, y comentó que muchos aspectos han cambiado con el tiempo, incluida la forma en que se reconoce y remunera el oficio.
En cuanto al público, señaló que en los años 80 existían pocas salas, mencionando el Teatro en Círculo y luego La Cúpula. A su juicio, el crecimiento de salas, productoras y público también se relaciona con migraciones que trajeron nuevos espectadores.
Cedeño también resaltó el papel de las plataformas de venta de boletos, que, tras la pandemia, facilitaron la accesibilidad digital y acercaron a más personas.
Cultura con alcance nacional: el reto del interior
Consultado sobre la centralización en la ciudad, expresó que le “da dolor” y defendió que el desarrollo cultural debe llegar a nivel nacional. Recordó una gira para inventariar espacios escénicos y aseguró que, en varias provincias, las presentaciones se realizan en lugares como hotelitos o aulas de colegios, con limitaciones de equipos.
Propuso que se impulsen “palacios de bellas artes” en las provincias, con espacios que sirvan para conciertos, exposiciones y danza, y enfatizó que el interior debe liderar su propia “revolución cultural” sin esperar únicamente al Estado desde la capital.
Censura y disputas por los contenidos
Al hablar de la dictadura, Cedeño describió un clima de incertidumbre y mencionó que existía una Junta Nacional de Censura: el teatro debía enviar libretos y tramitar invitaciones para ensayos generales. Dijo que la censura podía afectar incluso por palabras o por el rango de edad permitido.
Como ejemplos, mencionó The Rocky Horror Show, censurada y prohibida para menores de 18 años por “lenguaje ofensivo”, y también obras como El Señor de las Patrañas, prohibida para menores de 16 años por un caso asociado a incesto. Citó además Lisístrata, vinculada a objeciones por su contenido, y señaló que “afortunadamente” esa junta fue abolida, reiterando que las decisiones sobre acceso de menores corresponden a sus padres o tutores.
Mirando al futuro
Para Cedeño, el futuro del teatro panameño “empieza hoy”. Dijo que vive una época favorable por la cantidad de salas, ofertas y apoyos de empresas e instituciones públicas. También pidió más dramaturgos panameños, temas diversos y actualización de formatos, además de abrir puertas a las nuevas generaciones y tender puentes entre el entorno universitario y públicos reales.